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La Notificación en el Procedimiento Administrativo

El proceso de Notificación de un Acto o Resolución Administrativa, aunque aparentemente secundario, es de vital importancia para la eficacia de lo notificado. Cuando el art. 59 de la LRJAP-PAC habla de la práctica de la notificación la está considerando como un acto, como algo que se hace en un lugar determinado y en una fecha y hora ciertas. Por ello se dispone que “la acreditación de la notificación efectuada se incorporará al expediente”.

Sin embargo, la notificación no es propiamente un acto administrativo, ya que no supone decisión ni declaración de voluntad, ni tampoco es un acto unilateral. Además, si calificáramos la notificación como acto administrativo tendríamos la obligación de notificar la notificación y entraríamos en un bucle sin solución.

Pero, lo esencial de la notificación no es la entrega material al interesado del acto comunicado, sino la recepción por el ciudadano. La STS de 31 de mayo de 1974 señala que “No es la notificación acto de mero envío en su oficialidad procesal, sino de carácter receptivo por su finalidad y estructura”.

Es tan trascendente la recepción de la notificación que la STS de 12 de noviembre de 1984 no da por practicada una notificación, pese a que había sido entregada a la esposa del recurrente, dado que ninguno de ellos (recurrente y esposa) sabía leer.

La ley consagra la libertad de forma de la notificación. Puede ser desde un conjunto de documentos que incluya el texto del acto notificado con el pie de recursos y el “recibí” (con expresión de fecha y firma del destinatario); hasta el justificante del acceso al mensaje de correo electrónico por el interesado. No obstante, y a pesar de los avances de la tecnología y de la diferente legislación que intenta modernizar la Administración, lo cierto es que un número muy importante de notificaciones administrativas se siguen realizando por carta ordinaria.

Obviamente, en estos casos, no se da cumplimiento al requisito que exige el art. 59.1 de la Ley 30/92 referente a la constancia de la recepción, de su fecha y de la identidad de quien la recibe y del contenido del acto notificado, así como tampoco permite incorporar al expediente la acreditación de haberse llevado a cabo la notificación.

En relación a este tema, la STS de 24 de febrero de 1988 declara que: “La notificación debe constar documentalmente en el expediente, mediante la oportuna diligencia, o mediante la incorporación del duplicado firmado por el interesado. No puede ser sustituida por un escrito de un órgano de la Administración diciendo que las notificaciones se hicieron correctamente”.

Por lo tanto, y si obviamos la vía telemática para hacer llegar al interesado un acto o resolución administrativa, lo aconsejable es remitir el documento por correo ordinario, con acuse de recibo que deje constancia del momento en el que ha sido recepcionado.
Si bien, es muy importante que la tarjeta de Acuse de recibo que debe firmar el interesado este perfectamente cumplimentada. La STS del 10 de febrero de 2004 establece que en la Acuse de recibotarjeta de acuse de recibo debe indentificarse suficientemente la resolución notificada mediante una referencia. Puesto que es a la Administración a quien incumbe acreditar fehacientemente que el acto fue notificado, debe incluirse en el acuse de recibo, “como mínimo, la referencia al expediente de que traía causa” (STS de 21 de diciembre de 1996). De cualquier otra forma, “si la tarjeta de acuse de recibo no contiene dicha referencia y la Administración no aporta dato alguno que directamente justifique tal extremo, no puede demostrarse “que la tarjeta de aviso de recibo iba acompañada de la resolución pertinente” (STS de 10 de febrero de 2004) y la eficacia del acto quedaría demorada al menos hasta el momento en que el interesado realice actuaciones que supongan el conocimiento del contenido y alcance de la resolución o acto objeto de notificación (art. 58.3 LRJAP-PAC)

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6 preguntas sobre la Revisión de Actos Administrativos

1. ¿DE QUÉ HABLAMOS?

Se trata de aquellos actos administrativos que modifican, sustituyen o eliminan una resolución anterior emanada de la propia Administración.
El objeto de la emisión del acto de revisión no es otro que dar respuesta a razones de oportunidad o de interés público.
La Administración tiene la obligación de revisar actos que sean contrarios a la Ley. Aparentemente este tipo de resoluciones pueden generar cierto grado de inseguridad jurídica, aunque curiosamente, la retirada o reducción de derechos adquiridos persiguen justo lo contrario, es decir, consolidar la estabilidad del orden y el mantenimiento de la confianza en la Administración.

Evidentemente, este tipo de actos se realizarán siempre que no supongan una violación del ordenamiento jurídico.

2. ¿QUÉ TIPOS DE ACTOS SE PUEDEN REALIZAR?

Aquellos que corrijan o sustituyan:
a) errores materiales o de hecho (por ejemplo, los generados por una identificación incorrecta de personas o cosas). Se trata de auténticos errores de hecho, no de derecho.
b) Errores aritméticos (por ejemplo, errores de sumas o restas). No pueden modificar circunstancias materiales del acto.

3. ¿CÓMO SE INICIAN ESTOS ACTOS DE REVISIÓN?

Pueden plantearse: 1) a iniciativa de la propia Administración (actuación de oficio), o 2) a solicitud de un particular como parte interesada (revisión rogada).

4. ¿CÓMO INTERVIENE LA ADMINISTRACIÓN EN ESTOS CASOS?

Si bien es cierto que la Administración, una vez percibido el error, tiene la obligación de corregirlo (STS de 27/12/1991). No existe procedimiento expreso y determinado que paute la intervención de la Administración.
Tampoco se establecen plazos de Resolver, aunque debería aplicarse el general de 3 meses.
El acto que rectifica otro anterior debe ser dictado por el mismo órgano del que emanó, o por un órgano superior a él.

5. ¿EXISTEN LÍMITES DE LA REVISIÓN?

El artículo 106 de la LRJAP-PAC determina que los límites con los que debe actuar la Administración en las revisiones de sus propios actos deben estar regidos por la EQUIDAD, la BUENA FE y la CONFIANZA de los particulares.
Como se puede observar, se trata de límites voluntariamente imprecisos que pretenden ser respetuosos con la seguridad jurídica que debe imperar en todas las intervenciones de la Administración.

6. ¿HAY ALGUNA OTRA CARACTERISTICA IMPORTANTE?

Aunque la legislación no lo menciona, es importante ofrecer en la resolución el pie de recurso, como en cualquier notificación (LRJAP-PAC, art. 58.2). Si no se incluyera el acto sería nulo de pleno derecho, tal y como establece el art. 62.1 e) y f) de la propia Ley.

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Atención sanitaria y personas sin recursos

El pasado día 29 de octubre tuve el placer de dar una charla sobre la Asistencia Sanitaria a la que tienen derecho personas sin recursos y los límites de ese derecho. El evento estaba organizado por los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Miguelturra (Ciudad Real).

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Actos de comunicación en el Recurso de audiencia al rebelde

portatil_bibliotecaAunque en la práctica forense no sea muy habitual, me parece interesante comentar una particularidad del Recurso de audiencia al rebelde relacionada con la práctica correcta de los actos de notificación, puesto que estos cumplen un papel esencial en cuanto a garantizar el derecho a la tutela judicial efectiva.

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Claves de la nueva ley de emprendedores

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Vía: “Tics y Fomación”

La nueva ley de emprendimiento se publicó con el ánimo de aliviar de burocracia la creación y desaparición de empresas. La puesta en marcha de la ley y la plasmación práctica del articulado está demostrando que no se cumplen las expectativas generadas con su publicación.

No obstante, las 8 claves que se extraen en la infografía son las partes más significativas de esta ley.

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No soy un intraemprendedor público

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El emprendizaje interno en la Administración pública no existe. Nunca ha existido.

En los últimos tiempos se están produciendo diferentes acontecimientos que ensalzan y promocionan la figura del intraemprendedor público. Sin embargo, a la vista de los resultados tangibles obtenidos en los últimos años por los funcionarios que así se consideran, se puede demostrar que emprender en el seno de la Administración es imposible e incluso contradice el espíritu de esta gran estructura orgánica.

Lo que se ha venido en llamar equivocadamente “intraemprendedor público” es una tipología de trabajador situado entre quien practica la actitud funcionarial más radical y antipática, y el directivo que se encuentra con el objetivo y la responsabilidad de gestionar el servicio público con los recursos de que dispone. Podría decirse que se sitúa entre el trabajador plano, no implicado, que aplica la ley del mínimo esfuerzo y que su máxima aspiración es que llegue el final de su jornada laboral para dedicarse a otros menesteres más importantes; y el directivo que no sabe como “meterle mano” a aquello que tiene ante sí, y que finalmente acaba resignándose a gestionar más o menos igual que su antecesor y, seguramente igual que su predecesor lo hará.

Quien se cataloga como “intraemprendedor” es un trabajador implicado, que realmente cree que trabaja en un servicio público y que, por tanto, se debe a los ciudadanos. Que intenta prestar el servicio o realizar su trabajo, con la mayor dignidad que puede y sabe. ¿Es loable su trabajo, su esfuerzo, su coherencia? Por supuesto que sí. ¿Deberían recibir algún tipo de reconocimiento por parte de la organización o servicio público o de los ciudadanos? Creo que sí, pero realmente ni es importante para ellos, ni lo esperan.

¿Pero ser coherente con la labor que se realiza, aplicar un esfuerzo generoso en su trabajo, intentar innovar les convierte en emprendedores (internos)? No. Un emprendedor es otra cosa. Un emprendedor está definido en el diccionario de autoridades  como “La persona que emprende y se determina a hacer y ejecutar, con resolución y empeño, alguna operación considerable y ardua”. Por lo tanto, un intraemprendedor de la Admón, debería ser aquel trabajador público que ejecuta con resolución y empeño una procedimiento o tarea importante y ardua (sic). Entonces, según ésto, ¿dónde queda la iniciativa, la innovación? ¿Dónde queda la posibilidad de moldear, mejorar y racionalizar la administración pública? Un gurú de la gestión de organizaciones reconocido por todo el mundo, Peter Drucker decía que “para un emprendedor la innovación es una herramienta específica, por lo que un emprendedor efectivo debería convertir una fuente en un recurso”. Por desgracia un intraemprendedor de la administración no tiene esa posibilidad.

Entonces, ¿por qué nos empeñamos en darle esta trascendencia al concepto de “intraemprendimiento público”? ¿Qué intereses hay para ello? Se nos pretende hacer creer que la modernización de la Administración Pública depende en buena parte de este grupo de implicados funcionarios, que deben asumir esta alta responsabilidad y “tirar del carro”. Utilizando un tópico futbolístico podría decirse que tienen el deber de “echarse el equipo a la espalda” y comenzar a aplicar grandes, ocurrentes e innovadoras iniciativas.

Existen intereses e interesados en que esto se difunda así. Hay interés por generar una cantera de innovadores públicos dispuestos y disponibles, que estén preparados para avanzar en aquellos caminos en los que quienes deciden no saben avanzar. Éstos marcan los objetivos y esa cantera de mano de obra innovadora allana el camino, trazan los puentes y diseñan los atajos necesarios. Pero siempre dentro del plan previamente establecido y fijado desde los altos niveles jerárquicos. Esas altas instancias permitirán que se tomen decisiones siempre que no se extralimiten. Estimularán a los trabajadores haciéndoles creer que las grandes iniciativas son suyas, pero no es cierto. En una organización jerarquizada, como es la administración pública (cualquiera de ellas) quienes de verdad tienen la capacidad de modificar, de “revolucionar”, son quienes ocupan las zonas más cercanas al vértice superior de su organigrama. Los cambios, los grandes cambios, no se producen de forma irreflexiva e improvisada, impulsada por un grupo de locos jovenzuelos con ánimo de experimentar. Los cambios que pueden protagonizar los llamados “intraemprendedores” son pequeños cambios, gestos mínimos que no provocan catarsis. Estos, los verdaderamente importantes, no se llevarán a cabo sin el consentimiento (implícito o explícito) de los directivos o de los políticos.

¿Por qué no tiene futuro el intraemprendimiento en la administración pública? Quizás la pregunta debería ser: ¿Por qué el “intraemprendimiento” sólo tendrá futuro mientras haya consentimiento? Lo que se ha dado en llamar “intraemprendizaje”  existirá en la Administración mientras le permitan la existencia. La capacidad de influir de un “intraemprendedor” en la administración es directamente proporcional al margen de gestión de que disponga. Es decir, si te consideras intraemprendedor pero no tienes capacidad real de tomar decisiones olvídate de conseguir algún avance con tus desvelos. Si dispones de algún poder de decisión, si eres un mando intermedio o similar, podrás innovar en tu ámbito; pero eso sí, en pequeños detalles que sólo afecten a tu entorno más directo. Si osas rozar o invadir el área de influencia o gestión de cualquier otro mando intermedio orgánicamente cercano, comenzarás a tener problemas. No te cuento si ese roce o invasión se produce con quienes están jerárquicamente en niveles superiores.

Los cambios que pueden protagonizar los llamados “intraemprendedores” son pequeños cambios, gestos mínimos que no provocan catarsis. Estos, los verdaderamente importantes, no se llevarán a cabo sin el consentimiento (implícito o explícito) de los directivos o de los políticos.

¿Crees que avanzar en la administración electrónica, en la apertura de administración, en la aplicación de nuevas herramientas en la formación, en la mejora de la comunicación interna, en la instauración del networking, del teletrabajo, de la apertura de datos, de la mejora de la accesibilidad de los ciudadanos, … depende de que unos pocos idealistas le pongamos ganas e ilusión, de que seamos innovadores y ocurrentes, atrevidos y, en algún caso, locos insconscientes?. Evidentemente no.

El intraemprendedor (o quien dice serlo, o quien se siente como tal) es la herramienta, la mano de obra, el “machaca” útil, el elemento necesario para llevar adelante las propuestas estratégicas que otros diseñan. Se consideran (yo también lo he hecho durante mucho tiempo) líderes que impulsan los cambios en la administración, pioneros que van haciendo camino en donde no lo había. Sin darse cuenta que no es así. Que el camino que van abriendo tiene muy poco horizonte, no lleva a ningún sitio. Conozco muchos casos de innovadores que, cansados de caminar por una senda en espiral, un camino sin final y que nunca te lleva a ningún sitio interesante, ha buscado grietas del sistema desde fuera, liberándose del corsé que la propia administración y jerarquía te imponen como trabajador público, para influir y aportar como ciudadano. Hay muchos ejemplos de estos. Al final,  creo que es la única alternativa efectiva posible.

intraempTodo esto que digo, escribo e intento defender no es consecuencia de un descreimiento personal (o si?). Es fruto de la reflexión y de la experiencia. El “intraemprendimiento” en la Administración pública es un engaño de quienes quieren mantenerlo vivo. No existe. El “intraemprendedor” en la administración no es más que un concepto vacío, una categorización de trabajador público.

Podríamos elaborar diferentes tipos sin contenido de emprendedores siguiendo esas mismas pautas. Puesto que hay quien innova fuera del ámbito profesional, podríamos llamarle “extraemprendedo”; en sus responsabilidades domésticas, la denominación podría ser el de “domemprendor”; en sus relaciones personales, “compaemprendedor”; en la forma de disfrutar su tiempo libre, “ocioemprendedor”, … Todas ellos serían perfiles vacíos, que no aportan concepción nueva, pero que añadiendo el sustantivo “emprendedor” lo teñimos de un alo de interés (en los tiempo que corren) y de atractivo. Vacío pero bonito. En definitiva, en todos esos perfiles siempre estamos representando a alguien inquieto, con valentía para arriesgar, para investigar fuera de la zona de confort, para tomar decisiones arriesgadas,… sea cual sea el ámbito en el que se mueve.

Pero quien hace esto no es un emprendedor. Es innovador, valiente, atrevido,… pero eso tiene poco que ver con el emprendimiento.

Por cierto, que ya no me sienta intraemprendedor (en aplicación del concepto como tal) no quiere decir que no haga apología, defienda y aplauda a quienes tienen el maravilloso descaro de trabajar diariamente en la administración pública con ilusión y a la búsqueda de nuevas formas y sistemas. Sigo siendo uno de ellos y no he desistido en intentar diariamente la mejora de mi entorno.

Pero no soy un intraemprendedor público.

 

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Comparar datos de tablas con software libre (y 2)

trabajoportatil

Como continuación del post anterior en el que habíamos preparado dos tablas para finalmente proceder a realizar una comparación de los valores contenidos en dos columnas y puesto que cada una de ellas correspondía a una tabla, era necesario comprobar si la segunda tabla se encontraba perfectamente dispuesta.

 

Captura_1

Como observamos, tan sólo hay una columna coincidente en ambas: Nº de Documento.

El objetivo era cotejar ambas tablas para marcar aquellas celdas que no aparezcan repetidas y además contabilizar el número de veces que se repetían (en aquellos casos en los que existiera tal coincidencia)

Por lo tanto, trasladamos toda la tabla (o exclusivamente la columna “Nº de documento“, dependiendo de la extensión y el tamaño) a la hoja de cálculo en la que estamos trabajando. Basta con un copiar y pegar.

El resultado podría ser el siguiente

Captura_2

 

El siguiente paso es añadir una nueva columna en la que vamos a calcular el número de registros coincidentes y a la que llamaremos “Reg. encontrados“. Para ello, en la primera celda de esa columna insertamos la siguiente fórmula:

=CONTAR.SI(E$3:E$9;J3)

Es decir, le ordenamos que busque en la columna “E“, entre las filas 3 y 9 alguna cantidad que coincida con los datos introducidos en la celda “J3“.

Si la búsqueda fuese fructífera nos devolverá el número de veces que la cantidad que aparece en “J3″ se repite en la columna “E”. Si todo va bien, copiamos esa celda y pegamos el formato en el resto de celdas de la columna “J

La introducción de “$” en “E3” y “E9” consigue que cuando repitamos la fórmula en el resto de celdas de la columna “L” ambas referencias se mantengan invariables. Sin embargo, no lo insertamos en “J3” porque deseamos que esa referencia se vaya modificando para cada una de las filas (J4, J5,… y así sucesivamente)

Captura_de_pantalla_3

 

Por último, si queremos dar mas efecto a los resultados podemos conseguir que las celdas que detecten la repetición se coloreen automáticamente. Para ello, seleccionaremos la columna “REG. ENCONTRADOS“, iremos a Formato > Formato condicional e introduciremos las condiciones siguientes:

  • El valor de la celda es igual a: “0” – Fondo amarillo
  • El valor de la celda es distinta de: “0” – Fondo naranja

El resultado final es el que aparece en la siguiente imagen

Captura_de_pantalla_4

Y ya está. Aparentemente un poco engorroso, pero muy efectivo. Intentar automatizar este tipo de tareas tiene estas cosas, hay que dedicarle unos minutos a su configuración pero el tiempo empleado lo amortizamos rapidamente si la tarea la tenemos que realizar periodicamente.

 

openoffice

Comparar datos de tablas con software libre

openofficeEstoy trabajando en la comprobación de listados de número de documentos en diferentes tablas, cotejando aquellos que no se repiten en ambas.

Entre los dos ficheros existen varios campos comunes, que determinan algunas características de los documentos a comparar. De entre ellos, hay uno que es el índice clave en el que aparece el número de expediente. Por tanto, sólo habrá que comparar las columnas de ambos documentos que contengan este índice para comprobar cuales son los números de expedientes que se repiten, y por eliminación, cuales son los que no se repiten y que serán apartados de los resultados finales.

A pesar de la racionalización del gasto en las administraciones públicas y de la necesidad de utilizar adecuadamente los recursos tecnológicos (Castilla-La Mancha impulsó y [no] promociona el proyecto MoLinux de software libre) poder utilizar herramientas open source no es nada fácil. Aún así y puesto que esto del software libre no es sólo una necesidad sino una filosofía de trabajo, me puse ante mi Open Office y comencé a desempolvar antiguas habilidades y a consultar algunas dudas en don google.

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